c. 1478–1480. Óleo y témpera sobre álamo
Este retrato de Ginevra de’ Benci, una de las intelectuales más destacadas de la Florencia del siglo XV, se considera el primer retrato individual pintado por Leonardo. En él se pueden ver los inicios de sus “retratos psicológicos”, que revelan el carácter interior y los pensamientos del personaje, un estilo que alcanzó su punto culminante en la enigmática sonrisa de su Mona Lisa.
El rostro de Ginevra está rodeado por un arbusto de enebro, conocido como “ginepro” en italiano, lo cual es un juego de palabras con su nombre. En la parte posterior de la pintura, Leonardo rodeó una rama de enebro con una corona de laurel y palma, acompañada de la frase en latín VIRTUTEM FORMA DECORAT (“La belleza adorna la virtud”).
